La tribu Hadza: Cazadores y recolectores en el corazón de Tanzania

La tribu Hadza es un pueblo admirable que ha conseguido mantener sus costumbres durante milenios. ¡Vamos a conocerlos un poco mejor!
La tribu Hadza habita en las tierras al norte de Tanzania, concretamente a las inmediaciones del hermoso lago Eyasi. Esta comunidad es verdaderamente única y por eso vamos a contarte más cosas sobre su fascinante estilo de vida.
Ir de safari es mucho más que ver animales o maravillarse con paisajes naturales. África es un continente mágico en el que las costumbres ancestrales todavía tienen su sitio entre muchas tribus de Kenia o de Tanzania.
Por supuesto, visitar una aldea masái es una de las actividades favoritas de muchos viajeros pero eso no significa que no hay otros pueblos igualmente intrigantes a los que merezca la pena conocer más a fondo durante tu viaje a África. Este es el caso de la tribu Hadza.
Los Hadza son un pueblo tradicional de cazadores y recolectores que ha vivido apartado de la civilización durante mucho tiempo. Este hecho les ha brindado la oportunidad de mantener sus costumbres prácticamente intactas.
Los Hadza apuestan por la monogamia y padres e hijos duermen bajo el mismo techo. Sin embargo, hay ocasiones en las que tíos y abuelos también participan de forma muy activa en la crianza de los más pequeños.
Conforme los niños van creciendo adquieren mayor autonomía y más responsabilidades. Desde nuestra perspectiva resulta sorprendente que los niños de cinco años de edad ya comiencen a salir a buscar raíces y frutos para aportar comida al núcleo doméstico. Y cuando los jóvenes alcanzan la madurez gozan de total libertad para elegir si desean continuar conviviendo con sus padres o prefieren independizarse.
Por norma general, los Hadza se dividen en clanes pequeños de unas treinta personas como mucho. Sin embargo, durante una crisis pueden cambiar su organización social. En épocas de sequía extrema o si necesitan afrontar travesías largas forman comunidades más amplias que pueden alcanzar el centenar de personas.
Resulta muy llamativo comprobar que entre ellos no rige ninguna autoridad formal. Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos y, aunque prestan especial atención a la sabiduría de los más ancianos y a las tácticas de los cazadores más prolíficos, nadie se sitúa por encima del resto.
Si se produce algún desencuentro, la vía más rápida para solucionar el problema es que las personas enfrentadas se cambien a otro grupo. Esta costumbre provoca que los diferentes grupos de Hadza se disuelvan con bastante frecuencia.
Ojo, los Hadza llevan una vida muy bien adaptada a los caprichos de la naturaleza. La mayor parte del tiempo descansan en refugios construidos por ellos mismos mediante un entramado de ramas que luego recubren con hierbas secas pero cuando llegan las intensas precipitaciones abandonan sus viviendas para cobijarse en el interior de cuevas naturales.
La supervivencia de este pueblo se apoya por completo en los recursos que les brinda el entorno así que su dieta experimenta grandes variaciones a lo largo del año. Cuando escasean las lluvias, la fauna salvaje se ve obligada a concentrarse en los pocos puntos de agua disponibles y los cazadores Hadza aprovechan para conseguir más carne de antílope, cerdo salvaje o mono.
Por el contrario, durante la estación seca la base de su alimentación se vuelve vegetal. Las mujeres de la comunidad asumen la labor de recolectar frutos del baobab, tubérculos, bayas, huevos de diferentes aves e incluso tortugas.
Pero si hay un bocado que vuelve locos a los Hadza es la miel. Este alimento supone una quinta parte de las calorías que ingieren diariamente y el método que emplean para hacerse con ella te dejará sin palabras.
Se sirven de un pájaro que emite un canto particular para guiar al rastreador hasta las abejas. Una vez localizada la colmena el hombre utiliza humo para espantar a los insectos y recoger la miel dejando la cera y demás restos como merecida recompensa para su ayudante alado.
En suma, la tribu Hadza ha conseguido vivir en armonía con su entorno y cada miembro del grupo aporta algo para favorecer la supervivencia de los demás. ¡Eso sí que es un buen trabajo de equipo!

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